CÍRCULO SEAFOOD & BEER (Madrid)

A veces, la periferia de la ciudades guarda algún que otro tesoro escondido en sus calles. Un ejemplo de ello es esta marisquería oculta en el barrio de Las Águilas, donde tres empresarios con experiencia en la zona abrieron este verano este espacio que destaca por su excelente relación calidad-precio.

El local sorprende, y no sólo por su magnitud -unos 1.800 metros cuadrados- y por su agradable decoración, infinitamente más cuidada que cualquier local situado en sus inmediaciones. El producto suele ser fresco y de excelente calidad y puede verse expuesto en un mostrador, en un lateral de su imponente barra.

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Pero además, está bien trabajado, algo que puede verse a través de la cristalera que enmarca su gigantesca cocina y que puede comprobarse testando su amplia variedad de raciones.

El local dispone de varios espacios. Por un lado está la zona de la barra, rodeada por mesas altas y otras bajas con suficiente espacio entre sí como para que las conversaciones de las mesas colindantes no supongan una molestia. Por otro, cuentan con un salón comedor más resguardado para comidas y cenas más formales. Además, cuando el tiempo acompaña, montan una gran terraza en el exterior.

Entre las raciones, sin duda, recomiendo el marisco, que sirven cocido o a la plancha. De su cocedero tienen gamba  (12 euros), gamba blanca (18 euros), langostino rallado (15 euros), camarón (15 euros), cigala terciada (18 euros seis unidades), nécoras (4 euros la unidad), cigala de tronco (7 euros la unidad) y centollo (14 euros el kilo).

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A la plancha -la preparación que más me gusta-, sirven también gambón (10 euros) y unos carabineros más que recomendables (20 euros seis unidades).

No se olvidan de las conchas: berberechos (15 euros), almejas a la sartén (16 euros), navajas (15 euros), o unos mejillones con mucho éxito entre la parroquia (8 euros).

Tampoco de la fritura malagueña. Los chopitos son más que aceptables (12 euros) y la ración de calamares (10 euros), generosa y con un género que destaca por estar muy tierno.

Dentro del apartado de pescados, cuentan con sardinas (8 euros), merluza de pincho (12 euros), rape (18 euros) o rodaballo (18 euros por persona).

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Para los que quieran probar un poco de todo, sugieren una parrillada para dos personas por 55 euros, una mariscada por 45 y una fritura por 25. Y el que quiera, puede llevárselo a casa.

Aunque el marisco es el verdadero protagonista de este espacio, también es posible encontrar embutidos (jamón ibérico, lacón…), verduras (berenjenas fritas, pimientos de Padrón…) y algo de carne (lomo de vaca o chuletitas de lechal).

Para maridar el marisco, cuentan con vinos gallegos (Albariños, Ribeiros y Valdeorras) y de Rueda. Para las carnes, desde los Rioja más clásicos a los Ribera del Duero más actuales sin olvidar los vinos de Madrid, Somontano o Toro.

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La fama del local ya ha traspasado el distrito de Latina. Y ya ha recibido alguna que otra visita ilustre. Una de las últimas, la de la oscarizada actriz Penélope Cruz.

Aparcar por la zona suele ser complicado, pero cuentan con parking subterráneo para clientes. Así que no lo dudes y… ¡no te lo pierdas!

Círculo Seafood & Beer.- C/ Oliva de Plasencia, 1. Madrid. Telf. 91 737 04 21. De 13:00 a 00:00 horas. Cierra domingos por la noche. www.circulomarisqueria.com

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EL FILETE RUSO (Barcelona)

Hasta hace no mucho, jamás comía hamburguesas. Una mala experiencia en una conocida cadena de comida rápida a una edad temprana me hizo rechazar sistemáticamente durante muchos años esa suerte de bocadillo de carne picada. Sólo había una excepción, los filetes rusos de mi madre.

Pero como no todas las hamburguesas son iguales, un día empecé a dar la oportunidad a aquellas realizadas con un buen producto. Y ese es el caso de El Filete Ruso, un coqueto establecimiento que tiene como objetivo dignificar la hamburguesa y convertir el clásico icono del fast food en producto apto para los paladares más exquisitos.

Ubicado en la calle Enric Granados, una de las de mayor encanto del Eixample de Barcelona, este local de 80 metros cuadrados y capacidad para 50 personas -y con terraza abierta todo el año- es una extensión de La Burg, una hamburguesería puesta en marcha por Adrià Milà y Claudio Hoyos en el barrio de Sarrià en 2008.

El Filete Ruso

Pero El Filete Ruso no se conforma con ofrecer un producto de la misma calidad de la casa madre. Intenta ir más allá y ofrecer productos de proximidad, ecológicos y de temporada. Por eso cada trimestre crean una hamburguesa estacional diferente. El pasado mes de marzo probé la de entrecot relleno de queso pastor y trufa de invierno (12,50 euros) y me pareció sencillamente sublime.

Durante todo el año es posible encontrar un filete ruso de ternera empanado con compota de tomate, cebolla confitada y patatas al horno (9,80 euros) y 14 tipos distintos de hamburguesas a la brasa. Entre ellas podemos destacar la francesa (8,90 euros), con berenjena, tomate, queso brie y mostaza de Dijon; y la california (8,90 euros), con queso, bacon crujiente, salsa barbacoa, aguacate, y cebolla confitada.

Aunque fundamentalmente sean de ternera biodinámica, también cuentan con hamburguesas de pollo y de buey e incluso con una vegetariana hecha a base de judías del ganxet -una legumbre muy apreciada en Cataluña que se encuentra bajo el amparo de la Denominación de Origen Protegida Vallès-Maresme- , arroz de l’Estany de Pals y champiñones.

Además, las hamburguesas pueden acompañarse de aros de cebolla de Figueras, patatas fritas o al horno (entre 3,20 y 4,20 euros). O de una ración de champiñones al horno con queso, jamón y nueces (3,80 euros), alguna de sus ensaladas (entre 7 y 7,50 euros) o cremas y sopas de temporada que varían dependiendo de la estación del año.

El secreto, sin duda, son esos ingredientes. La carne con la que se elaboran las hamburguesas es ecológica y biodinámica y proviene de una explotación familiar del Pirineo catalán, donde la ternera se alimenta a base de prados, pastos y forrajes de los campos a los que tienen acceso todo el año. Y su alimentación se basa en cereales antiguos recuperados como el fenigrec, el gerd, la geixa, el alforfón o el centeno.

El buey es de pastoreo y de pura raza parda de montaña y el pollo, por supuesto, de corral.

El pan está elaborado a diario en Barcelona de manera artesanal con levadura natural y es cocido en horno de leña de roble, haya y encina. Los huevos son de gallina de corral con Denominación de Origen Calaf y las alcaparras que utilizan para la elaboración del steak tartar son de Ballobar, variedad recuperada y baluarte de Slow-Food, una organización ecogastronómica de la que El filete ruso forma parte.

Todos los postres están elaborados artesanalmente con harinas ecológicas y chocolates indígenas y hasta las bebidas respetan esta filosofía. Porque, además de una selección de vinos, las propuestas de este local se pueden maridar con cerveza artesanal del Montseny, elaborada en una micro cervecería barcelonesa con capacidad productiva de 3.000 litros en cada elaboración. Y los celiacos pueden encontrar una específica para ellos.

¿Quién se atreve a decir que las hamburguesas son comida comida basura?

El Filete Ruso.- C/ Enric Granados, 95. Barcelona. Telf. 932171310. De 13:00 a 16:00 y de 20:30 a 23:30. Jueves, viernes y sábados hasta las 00:00 horas. Reservas sólo por teléfono. www.elfileteruso.com

MARIETA (Madrid)

El 2014 ha sido un año de muchas aperturas en Madrid. Una de las más exitosas es la de este restaurante, abierto por los promotores de Pipa&co. Su buena ubicación, justo debajo del puente de Juan Bravo y junto al Registro Civil, es quizás uno de los motivos por los que encontrar mesa no sea nada fácil. Aunque sin duda no es el único por el que Marieta se ha convertido en pocos meses en un restaurante indispensable para ver y ser vistos.

La clientela es muy pintona y el interiorismo, sencillamente exquisito. Aunque no es de extrañar si tenemos en cuenta que tras él está Proyecto Singular, estudio capitaneado por el arquitecto Jorge Lozano, antiguo discípulo de Norman Foster. El espacio, de ese estilo industrial chic tan de moda en los últimos tiempos, es muy amplio e integra diferentes zonas a la perfección.

Cuenta con un área de mesas para el afterwork, un comedor abierto a la terraza con plataformas de distintos niveles, varias barras donde poder picar algo rápido o tomar una copa más entrada la noche y hasta un privado con dos chimeneas. La cocina está a la vista y, de camino al comedor es posible echar un vistazo rápido a los diferentes platos antes de ver la carta.

Marieta

La base industrial del local se refleja en instalaciones vistas y el uso de materiales como el microcemento o el mallazo de obra que contrasta con un núcleo de marcado carácter clásico forrado en madera y marquetería. El ambiente, sin embargo, es muy cálido gracias a la vegetación, el mobiliario y una iluminación que se adapta a los distintos rincones.

Los cuadros con fotografías originales de Yellow Korner ayudan a reflejar el mundo de los viajes que envuelve a la misteriosa inspiradora y mujer que da nombre al restaurante.

De entrada el escenario ayuda a pasar una velada agradable. Y su amplia carta sin excesivas complicaciones pero con un producto muy aceptable y con una buena relación calidad-precio termina de despejar la incógnita del éxito. Una carta, diseñada por el chef Roberto Velázquez, que propone una cocina de mercado mediterránea con ciertos toques internacionales y alguna apuesta que llama la atención. Como el sushi de calamares a la romana & alioli casero (7,90 euros), sin duda la propuesta más original en lo que a entrantes se refiere.

Para compartir también hay que tener en cuenta las croquetas caseras de rabo de toro & su salsa (10,90 euros) y las croquetas caseras de jamón (7,90 euros) o las berenjenas, miel de caña & hummus (8,70 euros). Y para poder probar un poco de todo, sirven medias raciones.

El tartar de atún con algas wakame (12,95 euros) tiene un intenso sabor a mar, aunque tengo que reconocer que no es mi favorito. El salmón a la bilbaína con espárragos trigueros (14,95 euros) es muy correcto y la pallarda de pollo marinada en cítricos, mostaza antigua & finas hierbas con patatas fritas o ensalada (10,90 euros) deja un sabor de boca más que agradable.

Y quien lo prefiera puede optar por una ensalada a su gusto, una pizza o una hamburguesa.

Marieta

Entre los postres hay varias opciones para elegir. Para los más golosones tienen coulant de chocolate, corazón blanco & nutella (5 euros) y para los nostálgicos la tarta ¡Feliz cumpleaños! de galletas maria con chocolate y lacasitos (5 euros). Tampoco es nada desdeñable la galleta oreo recién sacada del horno 100% casera con helado de stracciatella (4,50 euros).

La carta de vinos es adecuada al espacio. No falta una selección de blancos, tintos, rosados, dulces, generosos, espumosos y champagnes. Y lo mismo ocurre con la carta de cócteles.

Los fines de semana sirven un brunch de 12.00 a 16.00 horas (22 euros por persona). Habrá que volver para probarlo…

MARIETA.- Paseo de la Castellana, 44. Madrid. Telf. 915 75 75 53 / 618 332 659. De lunes a viernes de 8:30 a cierre. Sábados y domingos de 12.00 a cierre. Admiten reservas online. Posibilidad de take away. www.marietamadrid.com

YAKITORO (Madrid)

Taberna de brochetas japonesas con un toque muy cañí. Esa es la propuesta que presenta el televisivo chef Alberto Chicote en su primera aventura empresarial.

El creador del tataki de atún con ajoblanco, otrora chef de dos de los restaurantes de alta cocina más famosos de Madrid (el ya desaparecido NODO y Pan de lujo) abre el primer restaurante de su propiedad tratando de adaptar al panorama patrio las tabernas de yakitori japonesas, donde se cocinaba solamente pollo en parrillas de carbón.

En este espacio, obra del estudio Picado & De Blas, Chicote trata de hacer lo mismo, pero con un corte más español (de ahí el “–toro” del nombre). Así, introduce una mayor variedad de materias primas y, si bien cocina del mismo modo, el sabor es diferente.

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El ambiente del local, muy luminoso gracias a las inmensas cristaleras que lo rodean, es de lo más agradable y suenan ritmos que van desde Santana a Dean Martin pasando por Amy Winehouse, Gossip, Jet o Eagle Eye Cherry.

En el corazón de la sala late una de sus cocinas. Descubierta. Con tres parrillas. Y al frente de cada una de ellas, un cocinero ataviado con mono verde caza (una indumentaria idéntica a la que lucen los camareros) para elaborar los yakitoros, o lo que es lo mismo, la brochetas reinterpretadas por Chicote. En la carta, estas brochetas se dividen en función de la procedencia de sus ingredientes principales: de la tierra, del agua, de la granja y de la finca.

Como no podía ser de otra forma, el pollo tiene un espacio destacado. Y con matices muy diferentes. Un ejemplo es el pollo y papa canaria con mojo rojo (5,60€), una combinación muy acertada. Más castizo, pero también procedente de la granja es el huevo frito sobre disco de arroz tostado y salsa especiada de tomate (4,50€). Un plato que es todo un reto degustar con palillos y que bien recuerda al arroz a la cubana, sin plátano.

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Además tienen presencia otras carnes, como el cordero marinado en yogur y hierbas, asado y bien tostado (4,80€). Pero el bocado más sobresaliente es el atún rojo y pack choy lacado sobre pan y salmorejo (6,60€).

Para acompañar, destacan las patatas fritas en tempura con salsa de sésamo tostado (4€) y un soberbio arroz blanco aliñado con sabores de Oriente (4,10€).

En la bodega abundan las cervezas, tanto españolas como belgas y japonesas, que pueden mantenerse bien frías gracias a las mesas con piscina de hielo de las que dispone el local. También ofrecen vinos espumosos y originales, que pueden pedirse por copas en el caso de que no se desee la botella entera.

En el apartado de postres cuentan con un celebrado crumble de manzanas con helado de vainilla (4,60€), y diferentes yakitoros, como el de marshmallow (2,60€) entre otras propuestas.

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Encontrar mesa no siempre es fácil. No obstante, otra opción es ocupar parte de las barras que rodean el local y dan a las inmensas cristaleras, cuajadas de plantas en cuyos maceteros no faltan los mensajes de ánimo al alma mater del local.

YAKITORO.- C/ de la Reina, 41. Madrid. Telf. 917 37 14 41. De 12.00 a 24.00 h. Abierto todos los días. www.yakitoro.com

CA’N MIQUEL (Palma)

Helados hay muchos. Pero elaborados de manera tradicional, no se encuentran tantos. Por eso, cuando una tropieza con uno de ellos, es imposible resistirse a probarlos. En Ca’n Miquel ofrecen ese tipo de helados por los que alguien tiene el impulso de saltarse esa dichosa dieta, aunque sea sólo por un día.

Miguel Solivellas y su esposa Pola abrieron las puertas de este negocio por primera vez en 1979 en el centro de Palma, en el número 6 de Jaime III. Allí compaginaban la producción de helados con la de otros dulces. Al poco tiempo se les unió su hija, Teresa. Y a ellos, 30 años después, lo han hecho sus nietos y su yerno. Ellos conforman el corazón de una empresa que ha sabido adaptarse al paso del tiempo.

Tarrinas de Ca'n Miquel

Hace tres años ampliaron el negocio abriendo un nuevo establecimiento en el número 9 de la calle de Montcares, un espacio renovado decorado con tonos cálidos en el que ofertan el mismo producto que los ha hecho tan famosos, con el sabor y la calidad de siempre. Porque lo siguen realizando exactamente igual que lo han venido haciendo desde hace más de tres décadas.

Cada mañana van al mercado y traen la mejor fruta fresca. Las naranjas y limones los traen de Sóller y la leche, también fresca, siempre es mallorquina. La fruta si se puede es de la isla, aunque depende de la temporada. Los aromas están completamente desterrados.

Aunque nadie le ha dicho nunca a Miguel cómo tiene que hacer las cosas. Su don natural ha hecho que sus creaciones salgan exactamente de la manera que le salen. Porque tan importante como la materia prima es la técnica que emplea. Es completamente autodidacta. Y su receta magistral es la que siguen empleando a día de hoy los maestros heladeros de Ca’n Miquel.

Ca'n Miquel

La cremosidad y el sabor del producto han convertido a esta heladería en un centro de peregrinación de golosos de toda clase y condición. Incluso algunos restaurantes acuden a que les sirvan un poco de este auténtico manjar. Y aunque no sirven a otros establecimientos, a veces algunos restaurantes de Puerto Portals se acercan como particulares a por el helado.

Otro de los aspectos que sorprende a los visitantes es la cantidad de sabores que pueden encontrarse. Desde los más clásicos, como fresa, nata, o vainilla, a los más innovadores, como aguacate, roquefort, crema de gambas, queso mahonés con aceite o trampó ,una clásica receta de la isla elaborada a base de tomate, pimiento verde mallorquín y cebolla.

Cuando abrieron las puertas del negocio, la imaginación de Miguel ya dio salida a 40 sabores. Hoy, se han duplicado llegando a los 90. Piña, plátano, almendra (tanto cruda como tostada), frambuesa, arándano negro, caqui, sandía, higo coll de dama, granada, melón cantaloup, galleta maría, romero, te verde, cava… Sólo son algunos ejemplos. Aunque la disponibilidad, como no podía ser de otra manera, varían en función de la época del año.

Más de 90 sabores

Destaca asimismo la multitud de clases de chocolates, que hacen dudar frente al mostrador a los más golosos. Normal, con nueces, con mandarina, con menta, blanco, jamaicano con avellanas, a las siete pimientas…

Miguel no sabe qué es lo que tienen sus helados de especial, porque asegura no haber probado jamás los de la competencia, pero turistas de los países más remotos se preguntan que es eso que hace a sus helados algo tan especial.  Quizás sea su obsesión por mejorar sus helados y conseguir nuevos sabores. Pero lo cierto es que esta es probablemente la mejor heladería de Mallorca.

Desde de la milla de oro palmesena, el boca a boca ha llevado a Miguel Solivellas a las páginas de las más prestigiosas revistas del mundo. Publicaciones de todo el planeta se han hecho eco de las maravillas del helado salido de sus manos. Una clienta norteamericana les envió un recorte de una página del New York Times en la que se recomendaba un paseo por la heladería a los viajeros que recalasen en Palma. También han salido en Paris Match y en un sinfín de publicaciones nacionales.

Ca'n Miquel

Algunos recortes decoran las paredes del nuevo local, en el que además de helados se sirven diferentes tipos de pastas tradicionales mallorquinas, como las ensaimadas, los cuartos, los cocarrois o los crespells, así como bombones, gominolas naturales, trufas y tartas heladas. En sus locales también se sirven refrescos,cafés, granizados, chufa de Alboraya de elaboración propia y más de una decena de infusiones diferentes. Además, hacen sorbetes a base de infusiones como el de rosa de Alejandría o albahaca. Y cuando arrecia el frío ofrecen a sus clientes siete variedades diferentes de chocolates a la taza.

Y en contra de lo que puede parecer, los precios son muy asequibles. Hay conos con una bola desde 2 euros, tarrinas medianas de dos sabores por 2,50 y grandes de tres por 4,20. Para llevar venden envases de un litro (16,50€) y de medio (8,25 €).

Si pasas por el centro de Palma, no lo dudes…


Ca’n Miquel.-
C/ Montcares, 9. Palma (Mallorca). Telf. 971 72 49 09. De lunes a jueves de 9:30 a 20:30. Viernes y sábados de 9:30 a 21:30. Domingos y festivos de 10:00 a 21:00 horas. Abierto todos los días del año. www.gelateriacanmiquel.com